Coloca los leños más gruesos abajo, medianos encima y la yesca arriba, dejando canales de aire. Enciende desde la parte superior para que el fuego descienda, generando gases calientes que estabilizan el tiro temprano. Evita abrir la puerta repetidamente y espera a que la llama cubra la carga antes de cerrar compuertas. Este enfoque produce menos partículas, calienta la chimenea rápido y deja el vidrio mucho más limpio.
Abre el aire al inicio, luego reduce gradualmente hasta sostener una llama viva, no perezosa. Busca combustión secundaria visible, como velos danzantes en la parte alta del hogar. Esa fase consume gases que, de otro modo, ensuciarían el vidrio y formarían creosota. Aprende a escuchar el cambio de rugido a murmullo. Si el vidrio oscurece, corrige mezcla, seca mejor la leña y revisa la alineación del tiro exterior.
Antes de dormir, crea una base densa de brasas con una última carga equilibrada. Reduce aire sin ahogar. Por la mañana, remueve suavemente, acerca oxígeno y agrega astillas secas sobre las brasas rojas. Evita papel en exceso, confía en la masa térmica acumulada. Mantener continuidad entre ciclos recorta consumo y evita choques térmicos a la estufa. Anota qué combinación de especies mantiene mejor el corazón encendido en tu altitud.